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Or... del Valle de México a 10 de Febrero del año 2014 E... V...

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El pueblo que es ingrato con sus grandes hombres, se expone tener por servidores, a los que buscan en la política un camino para enriquecerse y sofocan todas las pasiones nobles y generosas. Cita del Libro Rojo deVicente Florencio Riva Palacio Guerrero político, militar, jurista y escritor mexicano (1832-1896).

Las condiciones que permitieron a México consumar su independencia de España, pueden explicarnos también el inicio de las instituciones políticas dominantes de los años por venir, así como lo que finalmente se plasmo en las constituciones mexicanas de los años 1824 y 1917. Comenzaré este desbaste mencionando, que para nadie es un secreto que el nacimiento de los partidos políticos en México está íntimamente relacionado con la presión de las clases sociales altas y la influencia extranjera, condición que pudiera molestar a todo aquel personaje con espíritu nacionalista mexicano, sin embargo es un hecho contundente.

La etapa de la lucha por la independencia, su consumación y el primer imperio mexicano son un conjunto de episodios nacionales que conforman el inicio de la vida política en México y de la creación de los grupos políticos que aun no eran partidos políticos sin embargo actuaban apegados a sus intereses y a sus creencias personales, circunstancia que aun ahora en nuestros días a pesar de que hay partidos políticos e instituciones, sigue sucediendo de la misma manera como cuando aun no las había. Es muy claro que los políticos incipientes de la época actuaban en un escenario nuevo, sin experiencia parlamentaria y sin elecciones que les marcara un antecedente inmediato, se enfrentaron a una serie de actos inéditos, como la creación de un primer congreso constituyente y la elección de diputados para ese propósito. Dicho de otra manera, se logró la independencia de España y los políticos mexicanos tuvieron que improvisar, pactar y decidir para el bien de la nación, sin la experiencia necesaria y sin un proyecto que les mostrara el camino correcto.

La acción política de la masonería en México se llevó a cabo en los primeros años de la vida independiente. Las etapas de penetración de la masonería en México son dos: la primera fue de 1770 a 1820, con la llegada de extranjeros iniciados al territorio novohispano y la segunda de 1820 a 1825, con la formación de logias formales nacionales. Lo acontecido en la masonería después de estas fechas será una etapa de confrontación entre grupos bien definidos y con dos concepciones de nación encontradas: federalistas y centralistas. De cualquier manera, es importante señalar que la penetración de la masonería en la política mexicana es evidente desde el gobierno virreinal hasta los primeros gobiernos independientes, como sucedió en el Imperio de Iturbide. Cabe destacar que las condiciones que permitieron a la masonería posesionarse en el territorio mexicano están ligadas íntimamente con el desarrollo de la masonería en España, que se encontraba luchando por su propia independencia debido a la invasión napoleónica.

La primera etapa de la masonería se relaciona con los soldados que llegaron al territorio mexicano para defender los intereses del entonces gobierno virreinal y entre los cuales se presume que llegaron oficiales y soldados iniciados en la masonería. La propagación formal de la masonería se llevó a cabo en los años posteriores a la consumación, con la formación de logias del Rito Escocés Antiguo y Aceptado y con la idea clara de conseguir un gobierno elegido por el pueblo, pero con candidatos emanados de la organización masona. Los diputados novohispanos de las cortes de España, que se habían iniciado en la masonería, llegaron, la mayoría, después de creado el Imperio Mexicano, lo que les limitó su acción en el gobierno. También se vieron ante la figura del déspota que habían combatido en España, pero en la personificación de Agustín de Iturbide, próximo primer emperador de México. La primera misión era apoderarse del congreso, de la representación del pueblo en el gobierno y realizar el cambio de manera correcta con la creación de la constitución planteada en el Plan de Iguala. Una victoria clara fue la designación de muchos masones como diputados en el congreso y con una clara oposición a Iturbide y su figura absolutista.

Con la caída del primer imperio en México y el triunfo de las logias escocesas apoyando los levantamientos, se permitió el regreso de los viejos insurgentes a las cúpulas del poder en la nación, poder que habían perdido con Iturbide al frente del gobierno. Sin embargo, los insurgentes se apoderaron de la presidencia y se convirtieron en los jefes de las logias en México, apoyados por los diputados y religiosos masones. Es de importancia mencionar a personajes norteños como Miguel Ramos Arizpe y Fray Servando Teresa de Mier que eran miembros del clero, diputados, políticos y masones. Fray Servando fue miembro de la Gran Reunión Americana, en donde se fraguó la independencia de toda Latinoamérica. Arizpe fue diputado de las cortes en España y el encargado de gestionar el nombramiento de O’Donojú como último virrey de la Nueva España, ambos masones, íntimos amigos y enemigos del absolutismo español. Los dos, Servando y Arizpe, fueron los líderes del congreso de 1824 que creó la primera constitución mexicana, uno por el bando centralista y otro por el bando federalista, respectivamente, que unos años más adelante se convirtieron en los partidos liberal y conservador. Ambos son parte de los muchos héroes nacionales que la historia mexicana mantiene como símbolos de la lucha por la formación del Estado nacional mexicano. También encontramos a otros personajes que fueron “civiles” y miembros de la masonería, como fueron Lorenzo de Zavala, Lucas Alamán, empresarios, diputados, masones y líderes políticos. Uno, Alamán, considerado el líder y símbolo del grupo conservador, y otro, Zavala, que fue parte del grupo liberal y fundador de las logias yorkinas en 1825. Sin duda, los grupos que pertenecieron a cualquiera de los dos bandos predominantes de la masonería son parte también de los mismos grupos que se enfrentaron en el terreno político en el siglo XIX, ya sea del bando liberal o conservador.

El uso de estos conceptos para definir a los partidos políticos se ha cambiado por el de los federalistas y centralistas para resaltar la preferencia en el proyecto de nación de los actores políticos, lo que dificulta el estudio de la masonería y la influencia de la institución en el desarrollo de los acontecimientos. Lo cierto es que, sin mayor contratiempo en la explicación, se puede rastrear la filiación a la masonería de cualquier manera. Parecería que los personajes no actuaron tomando en cuenta las necesidades de la nación y que antepusieron sus intereses personales, situación que necesitaría otro enfoque para su estudio y explicar la verdadera intención de los políticos del siglo XIX. Los personajes iniciados en la masonería mantenían su lucha en contra de las decisiones de una sola persona, de un emperador o rey. Esta lucha fue la misma que se llevó a cabo en España, en contra del poder del rey con prácticas absolutistas y que trajeron los diputados de las cortes a México, encontrando la misma lucha en la figura de Iturbide. La lucha se centró en la posibilidad de hacer realidad las promesas de formar un congreso y una constitución.

En medio de esa búsqueda de identidad se encontraban los que creían en una nación con una ley propia y los que creían que la nación necesitaba más tiempo para encontrar su propia creación; eran los que estaban seguros de cambiar en ese preciso momento y los que pensaban en dejarla crecer, paulatinamente, con el tiempo. Los que creían en el cambio en el momento, ganaron; y los que pensaban en un tiempo de adaptación, perdieron. Los insurgentes dominaron el poder de la presidencia a partir de la caída del imperio de Iturbide. Esto transformó el panorama político y el plan de lucha de la masonería con sus logias, que funcionaron como partidos políticos, en las que se afiliaron los personajes que manejaban a la nueva nación.

Así, a partir de 1824, los grupos en conflicto se olvidaron de buscar un sistema que fuera correcto para la nación –debido a que habían ganado los republicanos– y se dedicaron a buscar la variante que necesitaba el país –federal o central–, apoyados por los dos tipos de masonería que querían gobernar la nación: la clase española y criolla, identificados con los grupos escoceses, en contra de la clase mestiza, identificados con los grupos yorkinos. Por lo tanto, ya no se dedicaban a lograr la emancipación y la libertad de la nación, sino controlar el gobierno, a evitar perder lo poco o mucho que se tenía y a llevar al país a un destino que se auguraba exitoso. Las condiciones cambiaron y la lucha política se centró en el dominio del gobierno, en balancear las opciones –con los yorkinos como contrapeso de los escoceses– y la pacificación de la nación, sin levantamientos o revoluciones. Sin embargo, para 1828 las tendencias políticas se radicalizaron en extremo y se llegó a la época de los cambios violentos de los presidentes.

Desde el gobierno de Vicente Guerrero hasta la caída del segundo imperio mexicano, con Maximiliano en 1867, la lucha por la monarquía y la república fue diferente a la etapa que vio nacer a México como una nación Independiente. El resultado tácito de todas las luchas, encuentros y desencuentros entre masones de diferentes bandos, leales, traidores, justos, inmorales, radicales, conservadores, liberales, federalistas, centralistas, imperialistas, republicanos, populistas, honestos, desertores, conspiradores, es la promulgación de la Constitución de 1824 se estructura siguiendo a la Constitución de Cádiz y establece un Estado Federal conforme a los principios constitucionales de Estados Unidos de Norteamérica. El federalismo se adaptó a la realidad de las provincias mexicanas antes rebeldes, se reconoció la religión católica como la oficial del Estado mexicano y se mantuvieron los fueros militar y eclesiástico. En ella se establece solo por mencionar dos artículos con los que todos quedaron contentos al principio. “La Nación mexicana es para siempre libre e independiente del gobierno español y de cualquier otra potencia” (Artículo 1), “la religión de la Nación mexicana es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra” (Artículo 3). Estos artículos, son tan solo una pequeña muestra decantada del pensamiento de la epoca.

Por su parte la promulgación de la Constitución de 1917 tomó como base fundamental la Constitución de 1857, sin embargo fueron tomados como referencia otros proyectos constitucionales aprobados anteriormente ya sea por su valor doctrinario o por su aplicación real como: La Constitución Mexicana de 1811, elaborada por Ignacio López Rayón (1811). La Constitución Política de la Monarquía Española, también conocida como constitución de Cadiz o Constitución española de 1812,  el documento "Sentimientos de la Nación" de José María Morelos y Pavón, el Reglamento provisional político del Imperio mexicano de 1822, la Constitución de 1824, el Estatuto provisional del Imperio Mexicano o Constitución de 1865  y el Programa del Partido Liberal Mexicano de 1906 entre otros.

Todos los pensamientos, intenciones, deseos, intereses y anhelos de nuestros compatriotas masones o no, quedaron plasmados y resumidos en la actual constitución que nos rige con sus miles de reformas y cambios continuos hasta nuestros días, dando como resultado, los mexicanos que ahora somos con la idiosincrasia que tenemos y la forma de ser que nos caracteriza.

Finalmente cierro este breve paseo por una de las salas de la historia de nuestra nación con una frase de Venustiano Carranza “Para servir a la patria nunca sobra el que llega, ni hace falta el que se va”

Es Cuanto.

A... M... Victram (VMRL)

No hagas a los otros lo que no quieras que ellos hicieran contigo. Resígnate con tu suerte y conservarás la luz de la sabiduría.

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